Información:
Estas se recogen tanto para los aspectos que están a favor
como en contra del problema, con el fin de definir sus limitaciones. Sin
embargo si la información no puede obtenerse, la decisión entonces debe basarse
en los datos disponibles, los cuales caen en la categoría de información
general.
Conocimientos:
Si quien toma la decisión tiene conocimientos, ya sea de las
circunstancias que rodean el problema o de una situación similar, entonces
estos pueden utilizarse para seleccionar un curso de acción favorable. En caso
de carecer de conocimientos, es necesario buscar consejo en quienes están
informados.
Experiencia:
Cuando un individuo soluciona un problema en forma
particular, ya sea con resultados buenos o malos, esta experiencia le
proporciona información para la solución del próximo problema similar. Si ha
encontrado una solución aceptable, con mayor razón tenderá a repetirla cuando
surja un problema parecido. Si carecemos de experiencia entonces tendremos que
experimentar; pero sólo en el caso en que las consecuencias de un mal
experimento no sean desastrosas. Por lo tanto, los problemas más importantes no
pueden solucionarse con experimentos.
Análisis:
No puede hablarse de un método en particular para analizar
un problema, debe existir un complemento, pero no un reemplazo de los otros
ingredientes. En ausencia de un método para analizar matemáticamente un
problema es posible estudiarlo con otros métodos diferentes. Si estos otros
métodos también fallan, entonces debe confiarse en la intuición. Algunas
personas se ríen de la intuición, pero si los otros ingredientes de la toma de
decisiones no señalan un camino que tomar, entonces ésta es la única opción
disponible.
Juicio:
El juicio es necesario para combinar la información, los
conocimientos, la experiencia y el análisis, con el fin de seleccionar el curso
de acción apropiado. No existen substitutos para el buen juicio
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